En este día en el que se celebra a la mujer, quisiera yo, Sara, que soy mujer, expresar mi deseo: Pienso que quizá el poderlo expresar a muchos sea la forma en la que el Padre me lo cumpla.
Quisiera en este día que todos pudiéramos celebrar la divina dicha de ser sexuados: los hombres por serlo y las mujeres por serlo.
Yo soy mujer y me encuentro en la séptima década de la vida, he transitado por muchas etapas de la mujer que he sido y que soy ahora; todas importantes, pero recuerdo vagamente que cuando era pequeña no existía esta fecha, al menos, no se escuchaba en mi país, Cuba, como una celebración que sonara. Siempre escuché que se trataba de una fecha comunista, sin embargo la realidad es que se trata de una celebracion que tiene un profundo arraigo básicamente humano y al ser así, la asumimos fuera de todo tinte ideológico.
Bueno, vuelvo ahora a mi deseo en este día.
Lo que a mí me gustaría sería que la mujer se sintiera bien con serlo, sin querer competir con el hombre y que éste no tratara de superarla a ella, sometiéndola ni humillándola.
Mi deseo es que seamos capaces de darnos cuenta de que ambos fuimos creados por el Padre con características propias y diferentes; con atributos de uno y de otro.
También es mi deseo que se terminen las confusiones en relación con la sexualidad, que han venido surgiendo en estos últimos tiempos entre las generaciones de jóvenes y que han dado al traste con la armonía vital de muchísimos muchachas y muchachos.
Mi deseo sería el poder trasmitirles a muchas más mujeres que yo, una simple mujer, el orgullo que siento de serlo.
¡Cuánto me agradaría que las mujeres que lean esto estén de acuerdo conmigo y se sientan también tan orgullosas como yo!
Fíjate, amiga yo comprendo que -para sentirme orgullosa y feliz de ser mujer- no tengo que desplazar lo que es del hombre. Yo tengo lo mío, dado por el Creador para mí. Me encanta mi delicadeza, mi femineidad y no la cambiaría nunca; también amo la fuerza que Él me dio para poder ser madre de mi muy amado hijo.
Amo las diferencias de mi cuerpo con relación a las de los hombres, y la atracción que siento por mi esposo, que representa para mí al hombre.
¡Qué bueno sería que ambos -mujer y hombre- nos diéramos cuenta de que estamos llamados a integrarnos en nuestras diferencias, sin rivalizar, ni competir! En realidad, si nos fijamos, no hay con qué hacer ni lo uno, ni lo otro; ya que cada uno, tenemos lo nuestro, lo propio, de lo que somos y representamos en este mundo.
Nuestra dignidad está dada, precisamente, no en tratar de lograr lo del otro y querer ser tratados "iguales", ¡no!, todo lo contrario, está en lograr que podamos tratarnos con las diferencias que necesitamos unos de otros. ¡Eso es lo que nos hace iguales en dignidad!, para así alcanzar, la necesaria integración; para aportarle al mundo un TODO único, formado por lo de cada uno, que lograría transformar todo el mal en Bien; y que daría la posibilidad de hallar el Amor donde quiera que estemos y, en todas nuestras relaciones.
Recordemos el Relato bíblico de la Creación donde Dios, en la medida en que iba creando a todas las creaturas decía “y vio Dios que era bueno” y después de crear al hombre dijo: “no es bueno que el hombre esté solo” Y, entonces, al crear a la mujer dijo “Y vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno” y termina agregando: “Hombre y mujer los creó y juntos dominarán al mundo”. Así que ninguno de los dos, por separado, podrán llegar a ser “empoderados” …
El poder y la fuerza se logran cuando ambos, integrados y armónicos logremos realizar nuestras vidas en el Amor.
¡Felicidades, amigas, y, también amigos!
Sara, no sin mi Alberto