Queridos en Ámense:
Miren, hoy hacemos esta reflexión, porque lo amerita, porque nos lo merecemos, porque tenemos responsabilidad de llevarnos los unos a los otros las luces que vemos, porque todos somos Sus hijos, porque somos hermanos, porque el compartir lo que nos parece que viene del Bien es una de las mejores maneras de amarnos, tal y cual Él nos mandó.
Hoy podemos ver a la luz del Resucitado cómo durante la Cuaresma, los que creemos y practicamos nuestra fe y la compartimos, en la medida en que avanzó el tiempo cuaresmal, fuimos experimentando una sensación interna muy especial.
Nos fuimos haciendo más conscientes de lo que hay dentro de cada cual, de lo que ha podido crecer y fructificar desde dentro de uno y de aquello que aún está ahí sin tocar en espera de salir, vimos con mayor claridad cuándo erramos, y cómo los que más amados que nos rodean, pueden estar como a la espera de que de mi brote lo mejor, pudimos quizá percibir con mayor claridad cuando respondimos al Padre de la forma esperada por Él y cuando el temor de no haberle podido responder nos agobiaba.
Una vez dentro del tiempo de Semana Santa pudimos percibir una sensación de tristeza y dolor que nos iba embargando en la medida en que la fecha crucial se iba acercando, y el dolor quizá pudo ser tan fuerte que su manifestación llegó hasta a la expresión física donde el llanto y el rostro apesadumbrado podía verse, hasta sin que reparásemos en ello.
Así, hermanos, podemos HOY vivenciar, desde lo más profundo, esa sensación de alegría, de gozo, de libertad y de paz que brota, sin nuestro control, desde lo más profundo de los corazones y, así como cada estado interno se va acoplando de forma inusitada, a cada fecha, incluso el clima lo expresó el vienes santo en sus diferentes manifestaciones (lluvia, viento, nublados, truenos, soleados, una espectacular luna llena…) como expresión clara del proceso pascual.
Al llegar hoy al Domingo de Pascua, podemos llegar a constatar si nos observamos bien, cómo la Resurrección de Cristo, nos lleva a nuestros éxitos, nuestras superaciones y nuestra respuesta se hace evidente en la vida de cada cual, sin que nada externamente nos obligue o nos induzca a la inspiración a una fuerza y energías hacia el futuro.
Sí, así mismo, cada cual en su momento de vida actual: Los mayores, haciendo el recorrido de vida, explorando los hechos que marcaron sus vidas, los errores, desaciertos, los sufrimientos y tristezas, los éxitos y alegrías; incluso en conexión con sus formadores en la vida, los padres, abuelos, familiares y amigos; lugares, sociedad en la que nos formamos o nos deformamos, las pérdidas, malas decisiones y sus consecuencias, las mejores decisiones y sus consecuencias, y la mirada al futuro se llena de júbilo acogiendo, adecuando e integrando las limitaciones que, con frecuencia, acompañan la etapa de la vejez.
Los menos mayores y ya maduros (generaciones medias), tienden su mirada hacia los errores y desaciertos de su vida anterior, la crianza de sus hijos, las relaciones de pareja, (los que han logrado hacer familia), los padres mayores, las pérdidas como consecuencias de decisiones no acertadas, los logros y éxitos, la llegada de los nietos y felicidad alcanzada, así como la responsabilidad de vida que les corresponde, entre otras realidades.
Los jóvenes, los que creen y fueron formados en la fe, los que no creen y se encuentran confundidos ahora, inundados de contradicciones entre lo aprendido y lo que descubren en su día a día, los que se encuentran inquietos por encontrar su identidad, que fue agredida o mal formada y la buscan donde no está, los que sí han podido mantener su formación desde sus etapas de infancia.
En los niños, dependientes de los progenitores, con la inocencia como bandera de vida, aun sin saber, ni poder expresarlo, pueden sentir algo especial en sus pequeñas y bellas vidas, sí, porque TODOS, sepámoslo o no, creámoslo o no, tenemos esa verdad de amor inscrita, grabada con la “pluma del amor” en nuestros corazones y esa realidad es de toda criatura.
Jesucristo dio su vida, a pedido de Su Padre, por nosotros, aprendamos a vivir con Él este tiempo desde la Cuaresma y logremos HOY, saber Resucitar con Él, esperando aún el envío de Su Espíritu, como Fuerza creadora en nuestro diario vivir.
Jesús amado dio su vida para que vivamos la nuestra y Resucitó, resucitemos con Él.
Dios nos bendiga y guarde.
Un fuerte abrazo de Paz, de Gozo y Amor a TODOS.
ESPERANDO HABER ALCANZADO HOY
UN DIA MEJOR.
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